Volver a crear como cuando éramos niños
Por qué los hobbies creativos se han convertido en un refugio emocional en la adultez
Hola, que gusto volver a saludarte.
He estado escribiendo muy poco por aquí, pero quise tomarme un tiempo para poder escribir sobre un tema que tengo en mente este mes.
Últimamente he estado pensando sobre la presencia que tienen los hobbies creativos en la adultez. Dicen que cada vez somos más las personas que estamos volviendo a los pasatiempos manuales, incluso comparándolos con los que tenían nuestras antepasadas.
Cuando recuerdo mi infancia, el juego era una parte fundamental de mi vida. Básicamente, mi relación con el mundo era a través del juego y de la imaginación. Como niños utilizamos el juego para explorar nuestra curiosidad, entender el mundo, relacionarnos con otros e incluso conocernos a nosotros mismos.
Existen estudios sobre el pensamiento creativo que hablan de cómo nuestro pensamiento divergente se reduce del 98% a los 5 años de edad, hasta solo el 2% cuando llegamos a la vida adulta.
Pero, ¿qué quiere decir esto? ¿Por qué, a medida que crecemos, perdemos el contacto con el juego, los hobbies y la creatividad?
Al entrar en la vida adulta van sucediendo diversas cosas que reprimen nuestro sentido del juego y la exploración.
Entramos al colegio, donde nos encontramos con sistemas educativos que muchas veces son rígidos. Empezamos a desarrollar, por medio de la observación, el miedo al juicio, así como la presión por “hacer todo bien”. Luego, en la adultez, nos vemos envueltos en un sistema que constantemente nos pide productividad y que nos hace sentir culpa si hacemos algo que se salga de esos lineamientos. O simplemente estamos demasiado acostumbrados a consumir, sin darle espacio a la creación.
Si bien estos son algunos factores, creo que cada uno de nosotros tiene algo en su historia personal que lo ha alejado de los hobbies creativos hechos solo por disfrute.
Lo bueno es que cada vez somos más las personas que hacemos consciente esto e intentamos, dentro de lo posible, regalarnos un espacio para crear, divertirnos y jugar sin culpa.
Si últimamente sientes que necesitas algo que te saque un poco de la rutina, para que tu cotidianidad no gire solo en torno al trabajo y a los deberes, creo que nutrir un hobby creativo puede ser una opción para ti.
Existen muchos hobbies que puedes considerar. No creo que exista una lista definitiva. Al final, se trata de explorar aquello que más nos haga sentido personalmente y que nos genere satisfacción simplemente por hacer lo que estamos haciendo.
En mi caso, te puedo hablar desde la cerámica. Un oficio que ha perdurado a través del tiempo y que hoy en día podemos resignificar de diferentes formas.
La cerámica, por sí sola, es un oficio que no puede acelerarse. Tiene tiempos propios, obliga a esperar, obliga a estar presente y enseña paciencia corporal.
Trabajar con el barro nos devuelve al cuerpo, a lo sensorial, al juego. Además, los movimientos repetitivos que realizamos para modelar una pieza calman el sistema nervioso y nos sacan de la presión por la velocidad. Trabajar con las manos baja el ruido mental y nos ayuda a explorar otras áreas de nuestra mente. Es una forma de crear alejándonos del consumo constante de lo digital.
Yo lo veo con mis alumnas todo el tiempo. Alumnas que llegan con barreras mentales, excusándose de que no son suficientemente creativas o de que no son hábiles con las manos, incluso antes de empezar. Pero después de la primera clase se dan cuenta de que, si se abren a la experiencia, van con la mente abierta y tienen la disposición de conectar con la técnica, pueden empezar a crear cosas maravillosas desde el disfrute.
Encuentro que hay una belleza muy tierna en ver a los adultos jugar, crear y explorar como niños. Se puede ver cómo se conectan nuevamente con su estado creativo, dejando fluir la experiencia.
Los beneficios de los hobbies creativos también nos hablan un poco sobre las necesidades actuales que tenemos como comunidad. Estudios recientes hablan del impacto emocional de las manualidades y de los hobbies creativos. No solo nos distraen: nos regulan, nos devuelven cierta sensación de presencia. Tal vez por eso cada vez más personas intentan hacerles espacio a estas actividades de disfrute.
Pero para que esto suceda, también debemos intentar no caer en algunas trampas de la modernidad. Es importante que nuestros hobbies no se conviertan en una presión por monetizar, crear contenido o hacer cosas para que otros las vean y evalúen. Tenemos que tratar, dentro de lo posible, de que ese hobby no se transforme en algo que nos exige rendimiento para demostrarle algo a los demás.
Se trata de defender la posibilidad de hacer algo solo porque nos hace bien. Tener el permiso de crear aunque nadie lo vea. Poder disfrutar de los espacios improductivos. Volver a jugar solo por el hecho de querer hacerlo.
Los hobbies creativos no están ahí para convertirnos en mejores artistas ni para que otros nos validen.
Son un canal que nos permite conectar con el juego, volver a nosotros mismos y disfrutar el simple hecho de crear por placer.
¿Has sentido la necesidad de incluir un hobby creativo en tu vida o ya practicas uno? Cuéntame sobre tu experiencia. Será un gusto leerte.



